LA GRACIA DE SER PROMEDIO.

Quiero que imagines por 5 minutos que soy tu papá. Lo sé, lo sé. Esto puede traer todo tipo de connotaciones incomodas, pero es algo necesario para entender lo que te quiero decir. Así que hasta que acabemos solo llámame “Apá”.

Ahora imagina que vamos en el carro después de un partido de fútbol en el que tu equipo fue goleado por tu culpa. Estás muy triste porque tú eres muy competitivo y crees que en todo lo que hagas vas a DESTACAR. Yo inspirado por los dioses (5 cervezas) te digo que no puedes ganar siempre. Además te hago ver que no puedes ser BUENO EN TODO LO QUE HAGAS EN TU VIDA.

De repente me volteas a ver y te me quedas viendo como si tuviera ocho narices y me dices. “Papá suenas como capítulo de la Rosa de Guadalupe”. Pero no me importa porque soy tu padre y me tienes que escuchar.

Entonces imaginemos que esto está pasando. Y luego seguiría diciéndote lo siguiente masomenos así.

Habemos casi 8 mil millones de personas en este mundo y solo 1,000 de esas personas tiene una influencia muy poderosa a nivel mundial (empresarios, artistas, atletas de elite, políticos, etc.). Eso deja a los otros 7,999,999,000 de nosotros fuera de cualquier posibilidad de ser recordados por los siguientes 200 años. Esto nos produce mucha ansiedad.

Esto te lo digo para criticar a la cultura de: “tú puedes ser millonario”, “puedes tener todo lo que quieras cuando quieras”, “querer es poder” y hacerte ver algunos beneficios de ser alguien mediocre y promedio.

No precisamente te digo que buques ser alguien mediocre porque debemos dar nuestro máximo esfuerzo peeeeeero quiero que veas los beneficios de ser una persona promedio porque al final del día todos vamos a terminar ahí a pesar de nuestros esfuerzos.

Unas personas nacen con aptitudes para el deporte. Otros nacen con talento para la música. Otras son muy buenas académicamente hablando. Otras pueden tener sexo como conejos sin sudar una gota. En términos de habilidades y talentos, los humanos somos ampliamente diversos. Casi todos nuestros éxitos dependerán del esfuerzo, el talento y la práctica que pongamos pero quiero dejar muy claro que todos tenemos habilidades distintas.



Esto que está aquí es una “Campana de Bell”. Seguramente si eras bueno para los números te acuerdas de esta gráfica. Yo sufrí para entender esto.

Pero realmente una Campana de Bell es muy sencilla. Por ejemplo toma un porcentaje de la población mundial que juega ajedrez. El color rojo que está a la izquierda es la gente que es pésima haciendo esto, el color amarillo, que es casi todos, es la gente promedio y finalmente en el color naranja tenemos a todos los fuera de serie en esta disciplina. Quiero que prestes particular atención en los extremos. Quiero que veas cómo es muy delgada la curva en esas partes. Eso significa que solo hay poquísimas personas malas. Lo mismo pasa con los “cracks”.

Podemos aplicar esta curva a todo lo que queramos. Sueldos. Altura. Etc. Por ejemplo aquí tenemos a Messi y Cristiano Ronaldo demostrando sus habilidades con el balón:





Es muy sabido que ellos dos son los mejores jugadores de fútbol en todo el mundo por los últimos diez años. Así que pongamos que ellos son mejor que el 99.9999999% de todas las personas que juegan este deporte.



Luego tenemos al señor que va a jugar borracho los domingos:



Obviamente hay mucha gente que lo puede hacer mucho mejor que él y además no toman alcohol un día antes del partido. Eso quiere decir que el señor borracho está situado hasta el extremo izquierdo de la curva.



Admiramos a Messi y a CR7 porque son mejores que nosotros. Nos reímos del borracho porque juega peor que nosotros (eso espero). Ambos están en los extremos de la Campana de Bell. Y la mayoría estamos en medio. No somos ni tan buenos ni tan malos. Ni fu, ni fa. Somos promedio.

Tenemos fortalezas y debilidades pero TODOS somos promedio en la mayoría de lo que hacemos. Aunque seas muy bueno en algo digamos, cocinando o vendiendo drogas, las probabilidades de que seas promedio o malo en casi todo lo demás son altas. Esto es la naturaleza de la vida y como tenemos el tiempo limitado solo muy pocas personas se vuelven verdaderamente excepcionales en más de una cosa.

Muchos empresarios exitosos son un desastre en sus vidas personales. Los atletas de alto nivel son más tontos que una piedra con retraso. La gente que tiene una gran familia no siempre es rica.

Casi todos sabemos esto pero rara vez lo pensamos o/y hablamos de esto. La gran mayoría de nosotros nunca va a ser excepcional en algo pero eso no está mal.

Por lo que te ordeno entender lo siguiente (recuerda que soy tu papá): la mediocridad como objetivo está mal. Pero la mediocridad como resultado es aceptable.

Pocos sabemos esto y todavía menos lo aceptamos porque nos causa problemas de ansiedad y pensamos: “Si no hago algo grande, mi vida es un desperdicio”. Cuando esto no es así. Por cada Leonel Messi o Cristiano Ronaldo hay 50 millones jugando fútbol en la calle o en una cancha de tierra. Por cada DaVinci o Picasso tenemos a 50 millones de idiotas jugando con pinturas de acuarela. Por cada Sheakspeare tenemos a 50 millones como yo jugando a escribir en un blog.

La tecnología ha resuelto muchos problemas de la vida cotidiana pero también nos ha ocasionado muchos problemas psicológicos.

Hace 50 años no había un Google, Facebook o Youtube recordándonos todo el día la grandeza de los demás.

Tenemos la información que queramos con un solo toque. Peeeero nuestra atención es limitada y no hay forma que podamos procesar todo el mar de contenido que hay en internet hoy en día. Por lo que solo percibimos lo verdaderamente bueno o malo que pasa en alrededor del mundo.

Vemos en las noticias jóvenes de 20 años volviéndose millonarios por inventar una app que te lleva papel al baño cuando se te acaba. Vemos los ataques terroristas que hay en Europa. Vemos a la gente más fea y a la vez a la más atractiva. Todo esto es porque los extremos de la campana de bell son los que llaman la atención. Lo promedio donde la verdadera vida reside, a nadie le interesa. Es aburrido.



Creo que hoy en día pensamos que ser “brillante” es lo normal y desde que raramente somos brillantes, nos sentimos miserables y buscamos de forma desesperada sentirnos importantes. Así que de alguna forma buscamos compensarlo. Muchos de nosotros lo hacemos entrando a negocios piramidales que prometen hacernos ricos instantáneamente, otros como yo, viajamos por el mundo. Otros se obsesionan de manera enferma en tener las mejores calificaciones. Otros disparando en las escuelas. Otros posteando todo lo que hacen en redes sociales. Está la estúpida creencia de que siempre tenemos que estar probando a los demás nuestro valor.

Volviendo con Messi y Cristiano, vemos los momentos estelares de estos pero no vemos la producción y el detrás de cámaras solo para hacer algo que les lleva 20 segundos.

Al final, si todos fuéramos extraordinarios, por definición, nadie sería extraordinario. Ser promedio se ha convertido en el nuevo estándar de fracaso. El problema es que todos estamos en medio. Puedes ser el tipo más exitoso profesionalmente pero tal vez tu vida social es una mierda.

A mucha gente le da pavor aceptar ser mediocre, ya que piensan que si compran esa filosofía nunca van a conseguir nada en la vida y por lo tanto está no tendría sentido.
Una de las ironías de la vida es que la gente que alcanza a ser excepcional no cree ser excepcional. Por lo tanto se obsesionan con las mejoras continuas. Piensan que ellos son promedio. Que pueden ser mucho mejores.

Esto es muy gracioso. Si quieres ser el mejor, entonces te debes de sentir siempre como un fracaso. Si quieres ser el más popular, entonces siempre te vas a sentir solo. Si quieres ser el más poderoso, entonces siempre te vas a sentir impotente.

Todo esto lo hacemos para inflar nuestro EGO. Nos venden mierda para hacernos sentir bien solo unos cuantos minutos para que nos encerremos en un cubículo durante doce horas sin meternos un disparo en la boca.

El boleto a tu estabilidad emocional, viene aceptando las verdades mundanas de la vida. Aceptando que todos somos promedio en algo. Al principio esto nos va a saber amargo pero después de un tiempo de no sentir presiones por ser alguien “excepcional” vamos a estar más relajados. El estrés y ansiedad van a desaparecer. Finalmente vas a enfocarte en lo realmente importante sin absurdas expectaciones y un mejor enfoque de las cosas.

Vas a apreciar la vida por las cosas más básicas. Tus métricas de éxito van a ser otras más sanas como: apreciar una amistad, ayudar a alguien, crear algo, reírte hasta llorar.

Suena aburrido ¿verdad? Es porque todas estas cosas son promedio. Pero tal vez son promedio por que son las que realmente importan. O como dijo David Foster Wallace, uno de mis escritores favoritos. Algunos de las personas más heroicas en este mundo son aquellas que trabajan en el silencio de la monotonía, aquellos que viven vidas en un anonimato exitoso y al final perfecto.